Mi familia la trae de serie ¿la tuya también?

Es triste. Es triste levantarte un día y ver que de repente eres el objeto de muchos estudios, de muchas opiniones y de juicios de valor.

Desafortunadamente, a muchos nos ha pasado ya otras veces. Y es que cuando te sales de la norma todo el mundo tiene la razón menos tú.

Llevo un par de semanas consternado y avergonzado por las declaraciones de la Ministra de Sanidad en las que compara la gestación subrogada con el tráfico de órganos. Son nauseabundas y sensacionalistas y,  como tal, se han convertido en la gasolina perfecta para incendiar el debate sobre la moralidad del proceso.

La controversia alimenta todos los medios a velocidad de vértigo, TV, prensa, radio… tratan el tema como prioridad y, aunque es imposible seguirlos todos, tengo la sensación de que en la mayoría de ellos subyace el deseo de evidenciar lo poco ético que supone crear una familia recurriendo a esta técnica de reproducción asistida.

Mi familia pronto será una de esas amorales y mi hija, según los contrarios a la práctica, un objeto. ¡Cuánto os queda por aprender!

Mi hija será fruto de una relación preciosa, altruista y sobretodo basada en el amor y la confianza. Eso es lo que nuestra gestante ha depositado en nosotros, eso es lo que todos los días a todas horas entrega ella a mi hija y, aunque os pese y os extrañe, lo hace cambio de NADA.

NADA. Repito: NADA.

Ella tiene una vida, un trabajo, un hijo y un marido y ahora, además, una tripa gigante que lleva con orgullo.

Mi gestante no es la madre biológica de mi hija, tampoco quiere serlo. Nunca donaría sus óvulos.

Estas minucias son las que aun no he leído en el aluvión de artículos publicados a raíz de la pólvora de la ministra. Son pequeños detalles y connotaciones que realmente ayudan a tener una visión global de todo el proceso.

Yo, como casi todas las personas con dos dedos de frente, estoy en contra de que cualquier otra haga algo en contra de su voluntad, por los motivos que sean. Pero es que la gestación subrogada no empieza y termina en India o en cualquier otro país sin garantías a este respecto. Existe en EE.UU, Grecia, Reino Unido y Canadá, entre otros. Países en los que voluntariamente, mujeres adultas deciden ayudar a las parejas que ellas estiman idóneas a tener una familia. Eligen ellas, siempre.

Y además lo hacen a sabiendas de que el sistema sanitario y legal de sus respectivos países las protege de malas praxis. Ni los extremistas, ni los medios, ni los opinadores de turno… su sistema. Eso es lo que garantiza que todo ocurra en las mejores condiciones y que todas las partes se sientan amparadas. No lo hace la prohibición, la estigmatización, la condena gratuita y/o el alarmismo.

Es inexplicable la sensación de desasosiego que produce el verse atacado por todos los flancos. Pero muy a su pesar mi familia será una más. A todos ellos, ministra incluida, les deseo que aprendan a tener uno de los muchos valores que mi familia ya lleva por defecto, el de la generosidad. 

 

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